Cuidar de mi equipo: la decisión de contratar un seguro de salud para mi pyme

Como responsable de una pequeña empresa en crecimiento, siempre he creído que nuestro mayor activo son las personas. Somos un equipo de doce, una familia profesional donde el esfuerzo de cada uno cuenta. Sin embargo, más allá de los objetivos y los resultados, me preocupaba su bienestar de una forma más tangible. La idea de que uno de ellos tuviera que enfrentarse a largas listas de espera en la sanidad pública para una prueba diagnóstica o una consulta con un especialista no me dejaba tranquilo. Fue entonces cuando decidí que era el momento de actuar y empecé a investigar para Contratar seguro medico para pymes adeslas.

Mi búsqueda me llevó casi de forma natural a Adeslas, una marca que todos conocemos. Entré en su web y busqué específicamente las soluciones para empresas. Lo que en un principio me parecía un proceso complejo, resultó ser bastante más sencillo de lo que imaginaba. Rellené un formulario y, al poco tiempo, un gestor especializado en pymes se puso en contacto conmigo.

Esta conversación fue clave. Le expliqué mi situación: somos una empresa pequeña, pero con vocación de cuidar a nuestros empleados. El gestor entendió perfectamente mis necesidades y me presentó la gama Adeslas PYMES Negocios. Me sorprendió la flexibilidad. Podíamos configurar una póliza a medida, eligiendo entre diferentes niveles de cobertura, con o sin copagos, e incluso añadir un seguro dental, que sabía que sería muy valorado por el equipo.

Uno de los puntos que terminó de convencerme fue el aspecto fiscal. El gestor me explicó detalladamente las ventajas fiscales que suponía para la empresa, ya que la prima del seguro de salud es un gasto deducible en el Impuesto de Sociedades. Además, para los empleados, los primeros 500 euros anuales están exentos de IRPF. No era solo un beneficio social, sino también una decisión inteligente desde el punto de vista financiero.

Hoy, puedo decir que es una de las mejores inversiones que he hecho. Ver la tranquilidad en mi equipo, saber que tienen acceso rápido a una amplia red de profesionales y hospitales, no tiene precio. Ha mejorado la motivación y sé que es un factor que nos diferencia y ayuda a retener el talento. Ya no lo veo como un gasto, sino como la materialización de nuestra filosofía: para que la empresa vaya bien, las personas que la forman tienen que estar bien.

El Tesoro de la Ría de Vigo: Travesía a las Islas Cíes

Desde la ciudad de Vigo, las Islas Cíes son una presencia constante en el horizonte, una silueta montañosa que custodia la entrada de la ría y que ejerce una atracción casi magnética. Para los viajeros que se proponen visitarlas en un día soleado de finales de agosto, el viaje no empieza al subir al barco, sino días antes, frente a una pantalla. La primera parada es la obligatoria solicitud de autorización a la Xunta de Galicia, un trámite necesario para regular el aforo y proteger el frágil ecosistema de este Parque Nacional. Solo con ese código en mano, pueden comprar el billete del catamarán.

La mañana del viaje, la Estación Marítima de Vigo es un hervidero de actividad. Grupos de amigos y familias, cargados con neveras, sombrillas y mochilas, esperan con impaciencia para embarcar. Una vez a bordo, el barco se aleja del muelle y la ciudad olívica ofrece su mejor panorámica. La travesía, de unos cuarenta minutos, es un espectáculo en sí misma. El catamarán navega por las tranquilas aguas de la ría, dejando atrás el puente de Rande y sorteando las innumerables bateas de mejillón que salpican el paisaje marino.

A medida que se acerca a su destino, la escala de las islas impresiona. Los acantilados escarpados de la cara oeste contrastan con la suavidad de la ladera este, cubierta por un denso pinar. Y entonces, aparece la joya de la corona: la playa de Rodas, un arco de arena blanca y fina bañado por aguas de un color turquesa que parece imposible en el Atlántico. El barco atraca suavemente en el muelle y, al desembarcar, los visitantes sienten que han cruzado un umbral a otro mundo.

El ruido del motor se desvanece y es sustituido por el sonido de las olas y el graznido de las gaviotas. No hay carreteras, ni coches, ni hoteles. La primera impresión es la de una pureza abrumadora. El viaje en barco ha terminado, pero la verdadera exploración acaba de comenzar. Ante los viajeros se abren los senderos que ascienden a los faros, las calas escondidas y la laguna interior. La travesía desde Vigo no es un simple traslado, es el prólogo indispensable para sumergirse en uno de los paraísos naturales mejor conservados de la costa gallega.

Dentistas infantiles que hacen sonreír sin miedo

Cuidar la salud bucodental de los más pequeños puede ser, en ocasiones, toda una aventura. Para muchas familias, el solo hecho de pensar en la visita al dentista infantil Vigo evoca escenas dignas de una película de suspense: pequeñas manitas aferradas con fuerza al asiento, miradas sospechosas y un ambiente de tensión que ni los mejores thrillers logran transmitir. Sin embargo, la nueva generación de profesionales se ha empeñado en cambiar radicalmente esta percepción, desterrando los miedos con una pizca de imaginación y unas buenas dosis de empatía.

Aceptar que los niños exploran el mundo con todos los sentidos es clave para entender cómo se sienten al entrar en una clínica. Los olores, los sonidos y esas batas blancas que parecen invitar a la reflexión existencial son parte del problema. Frente a esto, los expertos han convertido sus consultas en auténticas embajadas de la tranquilidad: paredes decoradas con personajes animados, juguetes a la espera de nuevas historias y, lo más importante, una sonrisa sincera que rompe el hielo mejor que cualquier chiste aprendido en el recreo. En Vigo, los profesionales del cuidado oral han ido más allá, entendiendo que la confianza no llega solo con diplomas en la pared, sino de saber escuchar sin prisas y responder esas preguntas que parecen sacadas de una película de ciencia ficción pero que son, en realidad, la puerta a una relación de confianza.

Las técnicas han evolucionado tanto como el propio oficio. Allá quedaron los tiempos en que la palabra “dentista” era sinónimo de aventura arriesgada con sabor a clavo (¿quién no probó aquel asombroso gel con aroma a chicle, que, sinceramente, tenía menos sabor a chicle que una servilleta mojada?). Hoy, la atención personalizada, la sedación consciente y los tratamientos mínimamente invasivos han cambiado completamente la experiencia. Ahora, incluso los instrumentos parecen salidos de un juego futurista y los asientos dejan de ser “la silla del castigo” para convertirse en auténticos tronos de valientes.

No todo recae en las manos mágicas de los profesionales, por supuesto. Las familias juegan un rol fundamental en este proceso. Transformar la cita en una especie de ritual familiar, hablar sobre la importancia de los dientes como si fueran tesoros que hay que proteger de piratas imaginarios, e incluso dejar elegir a los niños el color de su cepillo de dientes la noche antes de la visita, hace que el cambio de perspectiva sea casi instantáneo. Los progenitores que caminan junto a sus hijos, sin transmitirles temores anclados en recuerdos del pasado, favorecen un ambiente donde el bienestar y la complicidad florecen con la misma naturalidad que los dientes de leche.

Es curioso ver cómo, tras unas cuantas visitas, los mayores temores se transforman en anécdotas. Ese niño que, en su primera consulta al dentista infantil Vigo, no despegaba los labios ni por asomo y que, un par de semanas después, quiere ser él mismo quien le explique a su compañero de juegos cómo funciona “ese aspirador de babas alienígena” y cuántos segundos hay que aguantar la boca abierta para derrotar a los microbios invisibles. La educación desde la infancia se convierte en un círculo virtuoso: menos caries, más prevención, menos miedo y una autoestima que crece al amparo de sonrisas genuinas.

Tampoco podemos olvidar el pilar que sostiene todo este esfuerzo: la comunicación. Decir adiós a los tecnicismos y los discursos monótonos es fundamental para conectar con los peques. Resulta más efectivo hablarles de superpoderes que explicar la remineralización del esmalte, y nadie olvida fácilmente un dentista que es capaz de hacer figuras con guantes o contar chistes de animales mientras enseña la forma correcta de cepillarse los molares.

Los testimonios de quienes han aprendido a asociar la consulta dental con un espacio seguro y divertido reflejan un cambio de paradigma que parecía imposible hace solo una década. En la actualidad, cada vez son más las familias que celebran la pérdida del miedo como si fuese la caída del primer diente, sabiendo que atrás quedaron las lágrimas y los nervios, y por delante se abren caminos llenos de aprendizaje y cuidado.

Hay quienes creen que las sonrisas se forjan solo con ortodoncias y empastes. Pero la verdadera magia ocurre cuando se cuidan desde los primeros años, con confianza, risas y esa complicidad que solo surge cuando los miedos se esfuman como el azúcar en un vaso de leche tibia. Porque verse al espejo y atreverse a sonreír, sin temor ni reservas, es posiblemente el mejor premio que unos dientes pueden regalarle a la infancia.

Terapia emocional que transforma tu bienestar

¿Te has preguntado alguna vez cómo pueden cambiar las cosas solo porque decides hablar de ellas con alguien que no te juzga? Es más frecuente de lo que parece escuchar comentarios como: “si yo con esto puedo solo” o “eso de ir a terapia es para los que están muy mal”, pero lo cierto es que, en la era del bienestar, la gente busca opciones como terapia emocional Ferrol, tan fácil como buscar una cafetería acogedora, pero con el añadido de que los cambios no son solo en tu paladar. Una sesión de terapia tiene mucho más en común con una buena charla que con esos monólogos donde el protagonista termina gritando al aire, y vaya si lo agradecen quienes encuentran a la persona adecuada frente a ellos.

La salud mental ya no es ese armario polvoriento al fondo del pasillo donde guardamos lo que no queremos ver. El tema está sobre la mesa, compartiendo sitio con el móvil y el café, y todas las generaciones se han puesto a conversar sobre ello. Y aunque aún queda quien siente vértigo al mirar hacia adentro, cada día es más fácil asumir que buscar ayuda para las emociones es tan sensato como ir al fisio tras una contractura. Eso sí, el riesgo de acudir es alto: podrías descubrir una versión de ti mismo con la que no sabías ni que soñabas.

Ir a terapia —sea por impulso, recomendación o ese meme que asegura que vas a terminar haciéndolo antes de los 40— tiene una peculiar magia. Unas cuantas sesiones bastan para que, sin darte cuenta, ya estés hilando reflexiones sobre tu infancia o entendiendo de dónde salen todos esos mensajes en tu cabeza que te dicen que comas el postre antes de la ensalada. Es como entrar en una ferretería emocional, con la diferencia de que el dependiente no te vende tornillos sino las herramientas para reconstruir tu autoestima desde los cimientos o para evitar que tu jefe te haga dar vueltas en círculos cada lunes.

Aceptar que tienes días bajos, te cuesta dormir o no haces match con la motivación cada mañana no tiene nada de extraordinario, pero hace falta valor para decir “vale, quiero saber qué hago con esto”. Porque desmontar lo que uno cree tan firme como el muro de Berlín de tus creencias lleva su proceso, pero también te pone, curiosamente, en contacto con tu versión más auténtica. Hablar sobre lo que duele tiene ese efecto liberador que solo entienden quienes lo han probado; es como lanzar la bolsa de basura cuando pensabas que todo olía bien pero el cubo te estaba engañando.

Un profesional de la psicología no te va a decir cómo debes vivir tu vida, pero escucha con un interés genuino, plantea preguntas que ni tú mismo te habías hecho y, de cuando en cuando, te regala silencios donde aparecen respuestas reveladoras. El verdadero cambio ocurre cuando te atreves a salir de la queja para explorar el terreno incómodo de las emociones propias. Los que acuden a consulta buscando “arreglarse” suelen descubrir al poco tiempo que no están rotos, sino un poco desordenados, como un cajón de calcetines tras la mudanza.

Y aunque los beneficios se notan a veces en las pequeñas cosas —como dejar de discutir con el semáforo rojo o entender por qué contestas a tu madre como si tuvieras quince años— la satisfacción llega cuando ves que no necesitas una crisis para cuidar de ti mismo. En cada ciudad, desde Madrid hasta ese rincón del Atlántico, las personas encuentran en el espacio seguro que ofrece un terapeuta oportunidades de conectar, entenderse y hasta reírse de uno mismo, porque un poco de humor cura más que muchas recetas.

Para quien todavía duda sobre dar el paso, quizás ayude pensar que no hace falta tener todas las piezas antes de empezar. El bienestar emocional es una construcción diaria, donde aprender a poner límites o aceptar los propios se convierte en un acto revolucionario. Y para aquellos que continúan sintiéndose atrapados en sus propias emociones, saber que servicios como terapia emocional Ferrol están disponibles es casi como darse permiso para escribir la siguiente página del propio capítulo. Ir a escuchar y ser escuchado está dejando de ser tabú para convertirse en parte del autocuidado básico; al fin y al cabo, hasta los superhéroes tienen quien los escuche tras una buena batalla.

Belleza renovada, desvelando los secretos de una piel radiante

Confieso que, durante años, mi rutina de cuidado facial era, por decirlo suavemente, básica. Limpieza, hidratación y, si me sentía aventurera, alguna mascarilla de vez en cuando. Creía que con eso era suficiente para mantener a raya el paso del tiempo y las agresiones externas. Pero la realidad es que el espejo, implacable, empezó a mostrarme pequeñas líneas de expresión que antes no veía, una piel con menos luminosidad y esa sensación de que, quizás, necesitaba un «extra» para recuperar esa vitalidad que recordaba. ¿Les suena familiar?

Fue en esa búsqueda de algo más, algo que realmente marcara una diferencia visible sin recurrir a procedimientos invasivos, cuando una buena amiga, con una piel que siempre me ha parecido envidiable, me habló de la mesoterapia Arcade. Al principio, el término me sonó un poco intimidante, como si fuera algo reservado para el universo de las celebridades. Pero su entusiasmo y los resultados en su propio rostro me picaron la curiosidad. Me explicó que era un tratamiento estético avanzado, pero mínimamente invasivo, algo que para mí era fundamental. No buscaba una transformación radical, sino una revitalización, un «efecto buena cara» duradero.

Así que, armándome de valor y con una mezcla de curiosidad y escepticismo, decidí investigar a fondo. Descubrí que la mesoterapia consiste, básicamente, en la microinyección de sustancias activas (vitaminas, minerales, ácido hialurónico no reticulado, aminoácidos, etc.) directamente en la capa media de la piel, la dermis. La idea es que, al aplicar estos «cócteles» nutritivos de forma localizada, se maximiza su absorción y su eficacia, llegando directamente a las células que más lo necesitan. Es como darle un chute de energía a tu piel justo donde lo requiere, sin que se pierda por el camino como ocurre con las cremas aplicadas superficialmente.

Una de las cosas que más me atrajo fue la promesa de una mejora visible en la textura de la piel. Mis poros, con el tiempo, parecían más dilatados, y la uniformidad del tono era algo que había perdido. La mesoterapia prometía un efecto «terciopelo», una piel más lisa y con un tacto más agradable. Y no solo eso, también se hablaba de un aumento de la firmeza. Esas pequeñas zonas donde la piel empezaba a ceder, como el contorno de los ojos o el óvalo facial, podrían beneficiarse de una estimulación del colágeno y la elastina, que son como los andamios que mantienen nuestra piel tersa. Esa idea de recuperar la turgencia perdida, sin pasar por quirófano, era muy atractiva.

Y la luminosidad, ¡ah, la luminosidad! Ese brillo natural que se asocia con una piel joven y saludable. A menudo, con el estrés, la contaminación y la falta de sueño, nuestra piel pierde ese resplandor y adquiere un aspecto apagado y cansado. La mesoterapia, al nutrir las células en profundidad y mejorar la microcirculación, promete devolverle ese aspecto fresco y vital. Es como si encendiera una bombilla interna en tu piel, haciendo que se vea radiante y llena de vida, algo que ninguna base de maquillaje puede replicar con la misma naturalidad.

También me interesó mucho su capacidad para atenuar imperfecciones. No hablamos de borrar arrugas profundas, sino de suavizar esas pequeñas líneas finas, las que aparecen por deshidratación o por la expresión. Y en el caso de cicatrices superficiales o marcas de acné antiguas, la estimulación celular que provoca la mesoterapia puede ayudar a mejorar su aspecto general, haciendo que la piel se vea más homogénea. Es un tratamiento versátil que se adapta a diversas necesidades, más allá de la simple búsqueda antienvejecimiento.

Mi experiencia en una clínica de Arcade fue muy positiva. El profesional me explicó todo el proceso con gran detalle, resolviendo todas mis dudas y asegurándose de que me sintiera cómoda. Las microinyecciones son prácticamente indoloras, gracias a agujas muy finas y, a veces, a la aplicación de anestesia tópica. Después de cada sesión, sentía una leve rojez que desaparecía en pocas horas. Pero lo que más me impactó fue la sensación de mi piel al día siguiente: más hidratada, más elástica, como si hubiera bebido litros de agua.

Con el paso de las sesiones, los resultados se hicieron cada vez más evidentes. Mi piel no solo se veía más fresca y rejuvenecida, sino que también sentía una mejora real en su calidad. Las líneas finas se atenuaron, la luminosidad volvió y esa sensación de vitalidad se instaló en mi rostro. La mesoterapia no busca un cambio drástico que altere tus rasgos, sino potenciar la belleza natural de tu piel, dejándola con un aspecto saludable y radiante, como si hubieras vuelto de unas vacaciones relajantes.

De local abandonado a nuestro sueño en Vigo: la reforma que nos unió

Cuando encontramos aquel bajo en la zona de Traviesas, supimos que era el lugar. Era oscuro, olía a humedad y la última capa de pintura probablemente había visto pasar la Movida viguesa, pero tenía algo: potencial. Y lo más importante, estábamos juntos en esto. Mis dos mejores amigos y yo decidimos que ya era hora de lanzar nuestro propio proyecto, y ese local comercial en Vigo iba a ser nuestro lienzo en blanco. Lo que no sabíamos es que, antes de pintar, tendríamos que sudar, y mucho.

El primer golpe de realidad no fue un martillo, sino el papeleo. Descubrimos que la palabra «reforma» en el Concello de Vigo se traduce en una montaña de documentos. Entre la solicitud de la licencia de obra menor, los planos y las normativas de accesibilidad, pasamos casi un mes navegando por una burocracia que puso a prueba nuestra paciencia mucho antes que nuestras habilidades con el bricolaje. Fue nuestra primera gran lección: un proyecto así es 10% inspiración y 90% gestión.

Una vez con el permiso en la mano, empezó la verdadera «batalla» y pudimos comenzar a hacer la reforma de local comercial Vigo. El primer día, armados con mazas y una energía desbordante, tiramos abajo un tabique que empequeñecía el espacio. El polvo lo invadió todo, nuestras risas se mezclaban con el estruendo y, entre los escombros, vimos por primera vez la verdadera amplitud del local. Fue un momento eufórico, la materialización de nuestro primer paso.

Los fines de semana se convirtieron en una rutina sagrada. Quedábamos a las nueve de la mañana, con cafés para llevar y una lista de tareas que siempre parecía infinita. Hubo días duros, como cuando descubrimos una fuga de agua oculta que nos obligó a cambiar parte de la fontanería, un gasto con el que no contábamos. O las discusiones, inevitables cuando tres personalidades muy diferentes tienen que decidir el tono exacto de gris para la pared principal.

Pero lo que más recuerdo son los buenos momentos. Las pizzas compartidas sentados en el suelo, la música sonando de fondo mientras lijábamos las paredes, o el día que instalamos el rótulo con nuestro nombre en la fachada. Cada metro de tarima flotante que encajábamos, cada lámpara que colgábamos del techo, era una victoria colectiva.

Hoy, con la reforma casi terminada, miro el local y no solo veo paredes lisas y un suelo nuevo. Veo las horas de trabajo, las dudas resueltas y, sobre todo, la amistad que se ha fortalecido entre capas de pintura y sacos de cemento. Este espacio no es solo nuestro negocio; es el testimonio de que, con buenos amigos y mucha paciencia, se puede construir casi cualquier cosa en el corazón de Vigo.

Ventanas de PVC: eficiencia energética y durabilidad para tu hogar

Pocas cosas son tan gratificantes como cerrar todas las ventanas de casa en pleno invierno santiaguino y notar cómo, mágicamente, la temperatura se mantiene agradable y las facturas de calefacción no dejan temblando a tu bolsillo. Mucho tiene que ver la elección que hagas en cuanto a ventanales y puertas, y aquí es cuando el PVC Santiago se vuelve tendencia, cual meme que nadie esperaba pero que todos terminan amando. Y no es para menos: cuando el viento frío de la cordillera amenaza con colarse, quieres que tu hogar resista y, de paso, no te haga llorar la cuenta de la luz cada fin de mes.

Vamos directos al grano: el ahorro energético ha dejado de ser una opción para transformarse en una necesidad, sobre todo cuando los inviernos se sienten cada vez más intensos y los veranos parecen no perdonar ni a la sombra más generosa. En estos escenarios cambiantes y exigentes, elegir alternativas que colaboren activamente en mantener la temperatura interior es casi tan crucial como escoger sofá cómodo para ver tu serie favorita. Si pensabas que el diseño y la decoración eran los únicos protagonistas de un espacio acogedor, hay mucho más detrás del telón. Resulta que la tecnología aplicada a la carpintería de los hogares está evolucionando tan rápido como las aplicaciones de tu celular; y en este escenario, el PVC se ha ganado su propia fanaticada. 

Nadie quiere invertir en ventanas que, a los pocos años, insinúen jubilarse antes que tú mismo. Materiales convencionales, como el aluminio o la madera, pueden ser como esos amigos de la universidad que prometían fiesta eterna pero al poco tiempo empiezan a escasear. Del aluminio podrías admirar su modernidad, pero te tocará lidiar con la condensación en invierno, y la madera, aunque atractiva, te exigirá mantenimiento digno de salón de belleza. El as bajo la manga viene justamente con estas nuevas alternativas, que hacen honor al confort y ahorran dramas climáticos en el intertanto.

Además de la resistencia a las inclemencias del tiempo, hay una batalla silenciosa entre vecinos y transeúntes que solo quien vive en una ciudad animada como Santiago comprenderá: el ruido. Si cada bocinazo de las ‘micros’ o la música de un carrete universitario resulta imposible de ignorar, probablemente sea hora de pensar en un cambio. Más allá de los memes, el aislamiento acústico ya no es una utopía lejana, y es aquí donde el material en cuestión brilla por derecho propio, convirtiendo tu home office, guardería improvisada o sala de cine casera en un refugio donde el silencio se siente hasta en el estómago.

El mito del mantenimiento eterno suele asociarse a cualquier elemento de la casa que tenga movimiento o esté expuesto a sol y lluvia, pero te sorprendería saber que con una limpieza ocasional —que puedes hacer sin sudar la gota gorda— se puede conservar el buen estado durante años y años. Se acabaron los temores a que se descascaren, enmohezcan o desentonen con las tendencias del vecindario. Un poco de agua, jabón y listo, ya puedes volver a tus actividades favoritas. ¿Qué más se puede pedir en tiempos en que todos buscamos simplificar la vida?

Desde la perspectiva ecológica, hay que poner sobre la mesa el tema de la sostenibilidad, que, aunque a veces suene trillado, resulta indispensable en estos días de calentamiento global y conciencia ambiental. Este material destaca por su capacidad de ser reciclado y por un proceso de producción con menor impacto ambiental, permitiendo que los vecinos del planeta puedan vivir más tranquilos, al menos por esta elección responsable. Si a esto se suma la durabilidad prácticamente legendaria, no es exagerado decir que los hijos de tus hijos podrían heredar tanto la casa como las ventanas, dando un nuevo significado al término “herencia familiar”.

Quienes habitan en comunas con climas extremos en Santiago, conocen mejor que nadie el desafío de mantener el calor a raya en verano y evitar el congelamiento en invierno. Que no te quepa duda, la clave está en cerrar el paso a fugas térmicas y a ventilaciones improvisadas creadas por marcos endebles o sellos fatigosos. Cada peso ahorrado en cuentas energéticas vale doble cuando llega diciembre, y cada grado de temperatura estable suma calidad de vida. Imagínate, incluso tu mascota te lo agradecerá dejando de perseguir corrientes de aire en pasillos y rincones inaccesibles.

La estética tampoco es un tema menor, sobre todo cuando la carta blanca para elegir modelos y colores es cada vez más amplia. Adiós al dilema de sacrificar estilo por funcionalidad, porque se pueden combinar ventanales amplios, efectos minimalistas y terminaciones imitando madera o colores sólidos que no pasan de moda. Puede que tus vecinos pregunten el secreto del nuevo brillo de tu living, y tú guardes la respuesta como quien conserva una receta familiar.

Invertir en comodidad, ahorro y tranquilidad no es una meta lejana, sino una decisión diaria que se empieza a notar en la rutina del hogar. Así, la próxima vez que el clima impredecible de Santiago juegue su propia ruleta rusa, tendrás la ventaja de observarlo tranquilamente desde el interior, como quien ve una película con final feliz.

¿Cómo funciona el reloj Durcal? 

Si te has preguntado como funciona el reloj durcal, aquí vamos a explicártelo todo. Porque son muchas las dudas que la gente plantea la primera vez que escucha hablar de este dispositivo.

Una de las dudas es debida a que este tipo de relojes se llaman relojes anticaídas. Pero lo cierto es que, cómo es lógico, es imposible impedir que alguien se caiga con un reloj. Lo que sí que hace Durcal es detectar que la persona que lo lleva puesto se ha caído y envía una señal. Al momento, un operador se pone en contacto con la persona a través del mismo dispositivo. Si la persona contesta y dice que ha sido una falsa alarma, un traspiés o algo sin consecuencias, no pasa nada. Pero si la persona responde diciendo que se ha caído y no puede moverse o está mal o no contesta se activa un protocolo en el cual se llama a los servicios de emergencia, así como al familiar de referencia. 

Por tanto, no se impide que la persona se caiga, algo que no es posible de ningún modo y con ningún dispositivo. Pero sí se le da asistencia muy rápida en el caso de que la caída tenga lugar. Y eso puede marcar la diferencia. Una asistencia rápida puede hacer que se salve la vida de la persona o que las consecuencias de la caída sean menores. Por no hablar de la angustia de que el mayor se vea en el suelo, sin poder levantarse ni pedir ayuda y sin saber cuándo se darán cuenta de su situación.

Otro de los nombres de esta pulsera es la de pulsera localizadora. Y en este caso, es un nombre que se corresponde cien por cien con lo que hace. El reloj lleva dentro una tarjeta SIM como la de los teléfonos con datos. Y está totalmente localizable a través de una APP gracias al servicio de GPS. Si la persona se pierde o se escapa de casa en un descuido, será fácil saber en dónde se encuentra y acudir a buscarla. 

Desde luego, una pulsera que da tranquilidad y que, además, tiene la apariencia de un reloj inteligente normal y corriente, por lo que cualquier persona lo puede llevar sin ningún problema y sin sentirse señalado como alguien vulnerable, algo que puede no ser del agrado de la persona que la necesita.

Consejos para viajar en barco por las rías de Galicia

Los viajes náuticos son uno de los «platos» fuertes del turismo en Galicia, que no en vano es la comunidad española con más kilómetros de litoral. Las travesías en velero, las rutas guiadas en catamarán y otras experiencias encuentran aquí de un escenario privilegiado. Es lógico, por tanto, el interés por la venta billetes barco Ons, Cíes y otros destinos de las rías gallegas.

Las Rías Altas y Rías Bajas comprenden un vasto recorrido que abruma a no pocos turistas. Lo más recomendable es definir qué rutas y destinos se incluirán en el itinerario principal y concentrarse en ellas. En particular, los archipiélagos del Parque Nacional de las Islas Atlánticas revisten un atractivo especial, no sólo por su biodiversidad y patrimonio cultural, sino también por la cantidad de navieras disponibles para explorarlos.

Otras experiencias náuticas son más ambiciosas y exigen un mayor compromiso por parte del viajero. Un ejemplo bastante desconocido es la Ruta Xacobea por mar, cuyo itinerario transita por los cruceiros del Vía Crucis marítimo-fluvial de la ría de Arousa.

Por otra parte, la temporada influye en el disfrute de esta modalidad de turismo. Para navegar en las rías gallegas, la primavera y el otoño son épocas de clima bonancible y poco masificados por el turismo. Cierto es que la animación social es mayor en los meses de verano, a costa de una relación calidad-precio menos asequible.

Con independencia de la fecha elegida, debe consultarse el parte meteorológico antes de emprender cualquier viaje. Otra medida de precaución es reservar la travesía con suficiente antelación, sobre todo en temporada alta, cuando las compañías navieras están más solicitadas.

En caso de alquilar una embarcación de recreo, es importante familiarizarse con las señales y normas básicas de navegación, para evitar conflictos con el resto de usuarios y comprometer la propia seguridad a bordo.

Unas prácticas con futuro: La experiencia de un amigo en un bufete de Vigo

Cuando Marcos contó que iba a hacer sus prácticas en un bufete de abogados en Vigo, sus amigos lo felicitaron sin pensarlo dos veces. Sabían que llevaba años preparándose para ello, entre clases, exámenes y tardes de biblioteca. Pero también sabían que esta sería su primera experiencia real en el mundo del Derecho, y que no sería fácil. Aun así, él estaba decidido: quería aprender, crecer y comprobar si la vida en un despacho jurídico era tal como la había imaginado.

Desde el primer día, Marcos sintió una mezcla de nervios y emoción. El bufete, situado en el centro de Vigo, tenía un ritmo intenso, con abogados especializados en derecho civil, mercantil y laboral. Aunque su papel como estudiante en prácticas era más bien asistencial, pronto comprendió que cada tarea, por pequeña que fuera, formaba parte del engranaje que hacía funcionar la maquinaria del despacho.

Le asignaron tareas variadas: preparar documentación, revisar expedientes, asistir a reuniones y, de vez en cuando, acompañar a algún letrado a los juzgados. Lo que más le impresionó fue el nivel de detalle y organización que exigía cada caso. Nada quedaba al azar. Aprendió a redactar escritos con precisión, a entender el lenguaje jurídico real y, sobre todo, a valorar el tiempo y la responsabilidad que conlleva representar a un cliente.

A lo largo de las semanas, Marcos se fue ganando la confianza del equipo. Su actitud, siempre atenta y dispuesta a ayudar, no pasó desapercibida. Muchos de los abogados del bufete se tomaron el tiempo de explicarle conceptos, compartir experiencias o aconsejarle sobre cómo enfocar su futuro profesional. Aquella cercanía, en un entorno que imaginaba más distante, fue una grata sorpresa.

Además del aprendizaje técnico, hubo algo que cambió en Marcos durante esas prácticas: la seguridad. Salía cada día del despacho con la certeza de estar en el camino correcto. Ya no era solo teoría; estaba viendo, viviendo y participando de la realidad jurídica.

Ahora que ha terminado sus prácticas, sus amigos notan el cambio. Habla con más convicción, con más claridad. Y aunque queda mucho por recorrer, todos coinciden en que esa experiencia en el bufete de abogados de Vigo ha sido clave. Para Marcos, no fue solo una etapa de formación, sino el primer paso firme hacia su carrera como jurista.